miércoles, 3 de noviembre de 2010

Me cagaron

La vela helada hirió mi llanto y me colgó en la percha del desengaño...para siempre, para siempre. No volví a pensar en la esperanza, ni en la empatía; el mundo era para mí extraño y perdido. En la oscuridad de la noche, pude reconocer (sin necesidad de vela o ampolleta) que Mario era un mal hombre y un infiel. Ya lo sabía, pero lo confirmé y me lo repetí a mi misma, hasta que lo entendí, hasta que lo asimilé de una vez por todas. Me recosté un rato e intenté dormir, pero no podía entrar al mundo onírico, creo que la entrada esta denegada a las personas que están muy tristes y entonces encontré la explicación lógica del porqué la gente que ha llorado mucho, no puede pegar pestaña: En el mundo de los sueños, hay que entrar tranquilo. Este descubrimiento no significó para mí gran cosa y no soluciono mis problemas, pero me distrajo de tal manera que pude dormirme.
A la mañana siguiente, desperté con dolor de cabeza. No me pregunten porqué, pero me ardían los ojos y al verme al espejo, me veía fea y ojerosa. Lavarme la cara no sirvió de nada, asi que tuve que irme al trabajo tal como estaba. Allá, todo el mundo sabía lo que había ocurrido y todos, absolutamente todos, me veían con cara de lástima. No los culpo, la escenita de ayer fue patética: Yo tirada en el piso, con un charco de lágrimas bajo mi cara y chillando de un modo bastante similar a una ballena hablando setacio. Es por eso que acabo de tomar una descición: Aquí sentada en mi cómodo y protector escritorio, mientras me como un paquete gigante de donuts mantecosas, planeo cómo cambiar de identidad de una forma seria y duradera. Si, cambiaré de nombre, de país, ¡de vida! Iré al registro civil primero, me voy a llamar Julia Perez...es un nombre común, tan común que me va a servir para fundirme en la maldita masa de gente, para así pasar totalmente desapercibida. Me vestiré de grís. Ni de blanco ni de negro, así no me acusarán de extremista, pues seré un término medio, un invisible marengo, tal véz. ¿El país? ¡Hay Dios!...¡No tengo plata para irme del país! Miserable sueldo de secretaria, si tan solo tuviese medio millón de pesos, podría volar a Bolivia y vestirme de llama, para así pastar tranquila. Tengo que quedarme en Chile, pero sin que nadie me reconozca y para eso hay que ser muy astuta: Me debo mudar lejos...mejor me tengo que morir, o cea planear mi funeral, como si fuese una fiesta de cumpleaños. Quienes serán los invitados, qué van a comer de canapé y la ornamentación debe ser....¡Momento!, no puedo invitar yo a los que vendrán a verme en el cajón, tiene que ser voluntario. Aunque voluntariamente, no creo que venga nadie, pues creo ser muy patética. En eso he estado todo este tiempo y aún no termino mis donuts, he subido el triple de peso. No puedo planear un cambio de vida con mi cabeza caliente.